Resistencia a antibióticos: una responsabilidad de todos

Los antibióticos han sido y son una herramienta muy eficaz para evitar y controlar las infecciones bacterianas. Sin embargo, desde diferentes ámbitos, se alzan voces para avisarnos de la necesidad de un uso adecuado de estos medicamentos para impedir que pierdan su eficacia y puedan seguir siendo útiles durante mucho más tiempo.

A principios del siglo XX comenzaron las primeras investigaciones sobre estas sustancias químicas. Y en tan solo unas décadas, antibióticos como las sulfamidas y la penicilina G permitieron tratar eficazmente enfermedades infecciosas que durante años habían causado una elevada mortalidad.

En los años 40-50 los antibióticos comenzaron a usarse también para tratar a animales enfermos, a animales sanos que habían convivido con otros afectados (tratamientos profilácticos) y a animales, también sanos, con el único objetivo de contribuir a su engorde (tratamientos promotores del crecimiento).

De forma paralela al creciente uso de los antibióticos, la preocupación de los científicos por la aparición de resistencias de las bacterias frente a estas sustancias también aumentaba. Mientras el uso terapéutico de antibióticos requería de prescripción facultativa, su utilización en piensos como promotores del crecimiento se había extendido ampliamente y no necesitaba receta. En 1969 el Comité Swann recomendó imponer restricciones al uso de antimicrobianos en pienso, para permitir sólo aquellos no usados como terapéuticos en medicina humana y veterinaria (Edqvist y Pedersen, 2000). En la actualidad, las cifras anuales de muertes debidas a infecciones por gérmenes multirresistentes en Europa son de 25.000 personas (OCU, 2013) y de 23.000 en EEUU (CDC-USA, 2013).

Las autoridades sanitarias han tomado conciencia de este grave problema. Desde 2006 el uso de los antibióticos como promotores del crecimiento está prohibido en la Unión Europea. Pero todavía es posible su utilización con este objetivo en distintos países como EEUU, donde el 75% de los antibióticos comercializados tiene un uso veterinario, y China, donde esta cifra alcanza el 50%. Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera este problema entre los tres riesgos sanitarios más graves, y la Unión Europea inició en 2011 un plan “Action plan against the rising threats rom Antimicrobial Resistance” que incluye la mejora en el uso y control de los antibióticos.

Los ciudadanos también somos parte activa en la resolución de este problema. Además de utilizar los antibióticos solo bajo prescripción médica y respetar los tiempos y las dosis indicadas; podemos exigir que las normativas en vigor se cumplan y obligar a que la industria tome medidas más restrictivas en el uso y control de los antibióticos. Así está sucediendo en EEUU, donde los consumidores exigen carne sin antibióticos, y como consecuencia, empresas productoras y restaurantes ofrecen alimentos producidos de forma responsable.

La legislación recoge el límite máximo de residuos que puede contener un alimento (Reglamento (UE) Nº 37/2010 de la Comisión) antes de su salida al mercado. Mientras que algunos sectores como el lácteo tienen una larga trayectoria en el control de residuos de antibióticos, en otros, el número de análisis que se realizan es más bajo. Hoy en día tenemos unas herramientas rápidas, sencillas y eficaces para evitar la presencia de antibióticos en alimentos. Están a disposición de ganaderos, procesadores de alimentos y laboratorios para conseguir unos alimentos seguros y lograr que los antibióticos puedan seguir salvando vidas en el futuro.

Pedro Razquin

Pedro Razquin es Owner y CEO en ZEULAB, también es Presidente cluster biotecnología de Aragón. Desarrollando soluciones para la Seguridad Alimentaria.